jueves, 25 de junio de 2009

Quiero enloquecer

Mi lengua es una lagatija que hace el "cunilinguis" (¿?) very well. ¡Puag!

Pues sí, ya me ha llegado. Qué duda cabe. Ninguna. Tanta frase hecha y tanta polla...

En el barrio todos han dejado de comer para leerla, y de respirar para escribirla. No, para escribirla no, para vivirla. Sí, me ha llegado. Voy a reservar la lectura del texto para el fin de semana, para las dos madrugadas del fin de semana. Sí, las enumero, vamos a aclararnos. Madrugada primera, de viernes a sábado; no hay whisky porque los viernes de madrugada no bebo whisky. Madrugada segunda, de sábado a domingo. Por cierto, ahora que me acuerdo, si algún día decido enloquecer escogeré estas horas de la semana, las que transcurren desde las una de la madrugada a las cinco del sábado al domingo. En esa madrugada, como en las madrugadas santas, sí habrá whisky.

Novela corta, por lo que puedo ver. 163 páginas. El ayudante de mi librero, Antonio -que sabe mucho más que todos los profesores de mi universidad de literatura- me dice que sí, que es corta pero que parece densa. No la ha leído pero se la voy a dejar cuando la termine. Él me ha regalado ya, bajo cuerda, otros tantos libros de empedernidos de la literatura. Faltaría más.

Este post podría haberlo escrito allí. Pero no me interesaba. De hecho, no se lo he enviado a B. Él, que es mi amigo desde 1º de BUP, será quién después hable más y más y mucho más sobre ella, de la novela, que parece densa pero que a simple vista es corta -ya lo he dicho, ¿no?-, de tarde entera de sábado (bueno, todo dependerá de la mierda de velocidad lectora que tengas).

Él se ha vuelto fan del Olmos. Ni que repartiese chupa-chups. Además, aquél empieza a levitar y a mí no me gusta que la gente a la que aprecio levite, más que nada porque parecen monigotes del Harry Potter. Se vuelven feos y todo, se endiosan. Kafka nunca levitó, sólo escribió. Faulkner tampoco levitó, sólo escribió. Ni Buzzati, que sólo escribiría ni Dostoievski que escribió y escribió. Ninguno levitó. Los escritores que empiezan a levitar terminan haciendo el ridículo. Cuántos se han puesto a levitar últimamente. Yo he dejado de leerlos. Que les den por el culo. Pero éste aún no levita. Sabe dónde está. Además, se intuye que entiende y que sabe conjugar el futuro que le espera. A ver si algún día me tomo una caña con él y le digo lo bien que escribe y me manda a tomar por allí, sí, también. Es capaz. Ahora me da vergüenza decírselo, vaya a levitar de verdad y a joderla.

Este texto no está revisado y menos bosquejado. Últimamente no actúo así. Reviso cada palabra que escribo. Me da vergüenza sacar en pelotas a mis amigas por muy buenas que estén, así desnudas, con sus vocales y consonantes sonrojadas, como fotografiadas en un campo nazi.

A mi me gustaría enloquecer y escribir como un loco pero vamos a dejarnos de gilipolleces y vamos a seguir con la vida como mejor podamos, con la mujer y con los hijos, con el curro y con las lecturas, las escrituras y la madre que me parió. Tirando, que es un gerundio muy español y muy de aquí.

Que de quién hablo. Joder, perdonad. La obra a la que me refiero aquí es a El estatus de Alberto Olmos (Lengua de Trapo, 2009). Por cierto, apunto para el fin de semana que debo escribir a las zagalas de Lengua de Trapo para señalarles una errata en la solapa de la contracubierta. Donde se lee Las lagatijas huelen a hierba debieran haber escrito Las lagartijas huelen a hierba. Son detalles que definen a una editorial. Yo lo pienso así. No me gustan las erratas en las editoriales que tengo como referencia y en las que me gustaría trabajar.

En la web les pasa igual. Pinchas el libro del Olmos y te tranportan al libro de Manuel García Rubio que aparece por error; nada más que por eso, se ha llevado el premio de "Te va a leer tu santa madre".

Tampoco me gusta el café frío, y lo digo, y si me lo bebo, vomito. En el Colegio Mayor donde estuve preso tres veranos, allí en el corazón de Zaragoza, me daban café solo con cubitos para vomitar las borracheras. Pero son cosas más íntimas y no me gusta contarlas aquí, vayamos a escandalizar a los lectores.

Ah, por cierto, no me voy a leer tampoco el libro de las lagartijas de la Andrade. No me gusta la portada.


jueves, 18 de junio de 2009

Venga, hazlo

Tú, con quien sueñas es con él. No te sonrojes. Debes hacerlo, debes ser toda una reacción exotérmica. Lo endotérmico está oculto entre las vaporosas faldas de la timidez. Tú, airéalo, mujer, estás en tu derecho, tienes derecho.

martes, 2 de junio de 2009

Salgo del anonimato

Yo abrí este blog con el fin de escribir oraciones coordinadas y subordinadas de sustantivo y relativas desde el anonimato, siempre desde el anonimato. Pero no. Ahora ya, casi todos los lectores de este blog, saben que me llamo José Ignacio Peinado García y que vivo en un pueblo de Jaén: Úbeda, que es Patrimonio de la Humanidad (qué gilipollez). Por eso me voy por los cerros de Úbeda con más frecuencia de lo que mis lectores desean. Os tenéis que joder, lo siento. Tenéis que pagar un precio por leerme y que este precio me sirva para seguir escribiendo sandeces. 

Olvidé decir que Peinado es por parte de mi padre y que García es el apellido de mi madre que era puta o así: por la puta de mi madre que da igual como presentes las palabras, si ordenadas o desordenadas. El sujeto es un mequetrefe que agacha la cabeza ante el verbo. Mi madre era puta, sí. Era a su vez hija de puta. La Guerra Civil hizo a muchas mujeres putas. Esto no sé dónde lo he leído pero lo he leído. O me lo he inventado, no lo sé. La gente no se lo cree cuando lo cuento. Es como cuando te dicen: "¿Ése qué es?". Y tú contestas: ¿Ése? Ese es un gilipollas (porque solemos adjuntar el gilipollas como si fuese un archivo -adjunto de un correo electrónico que no es postal y que no lleva sello y que ensalivas con pizcas de café cortado y que se queda seco cuando el destinatario lo abre y dice y piensa que eres un puto guarro -el puto es otro adjunto, jaja, qué risa-). ¿Ése? Ese es médico. Y esa, puta como mi madre. Nadie responde: "Ese es un hombre y esa una mujer"La gente me mira entonces con cara de gilipollas y se calla y pide la cuenta y se levanta y se va.

Nadie quiere estar ya conmigo. No sé si es porque mi madre era una puta o porque soy un gilipollas. 

Pero me da igual todo. Ahora todo me da igual porque estoy escuchando Say (All I need). Y yo no necesito nada para volar: ¡levito solo!

Me gustaba escribir desde el anonimato pero se esfumó el deseo. De todas maneras, la vergüenza me sume en un estado de apollargamiento y me hace reconocer que me falta más lumbre. Voy a por fuego (pero sigo sin fumar -4 meses o dos cojones, da igual-)
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