jueves, 16 de abril de 2009

El hombre sin atributos

Cuando sales de una biblioteca pública con los dos tomos de El hombre sin atributos de Musil te crees Dios. Casi Dios. Dios dios. Algo superior. Te tocas los cojones y te dices: "Soy Dios, joder". Pero aterrizas pronto. Sigues siendo una puta mierda. Llegas al semáforo y aún en verde para los peatones miras a ambos lados de la calle; vaya un gilipollas a atropellarte, vaya un niñato de coche tuneado a hacer flis-flis; vayan a destrozarte y desmembrarte en cinco trozos, la cabeza por ahí y un brazo tronchado y roto y fracturado por allá. Porque ten por seguro que no bajará Dios a cogerte en volandas, so gilipollas. 
Vamos a leer y a dejar de escribir tonterías. Musil tomo uno y tomo dos, 1500 páginas (6 libros de 250). Dios, joder, ¿no te lo he dicho? ¿Quién se va a leer este libro en un mes? Yo, que soy Dios y además, Sir. 

1 comentario:

jaumeduran dijo...

Tennos al corriente, Sir.
Suena grande grande: Robert Musil. Como los contrabajos alemanes Musima. Grandes, grandes.
Saludísimo.

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